miércoles, 10 de junio de 2009

Alga, ¡Nori!


Posible cliente chino, no era chino, japonés más bien. Su nombre sonó algo como “Norishoshi”.

No era un CEO, sino representante de la firma acá en Bs As. 30 y pico.

A 20 minutos de empezada mi presentación Nori (shoshi) inicia el diálogo:

N: ¿Gusta sushi?
B: ¡Si! ¡Me copa!
N: Ahora vamos comer con persona que hace evento ¿va acompañarnos?
B: Uy, si, claro, claro, buenísimo.

Nori llama por intercom a “Gabrela” y le pide que traigan su auto porque iba a salir en reunión. 5 minutos después este cuerpito que relata estaba subida en el Beetle de Luxe de Nori, de copiloto, cuasi secuestrada llendo por Panamericana a Puerto Madero.

En el viaje intenté mantener la normalidad de la situación, seguí con mi speech corporativo antes muchos “ahá” “oh sí” “yes” de Nori, quien estaba más interesado en intentar callar a la española de su GPS que le insistía en doblar en Pampa para llegar al restó en cuestión.

En el semáforo de Retiro smseo a socia para avisarle de mi cuasi secuestro, just in case.

19.59 ya estábamos entrando al sushi para encontrarnos con Andrés, socio de Nori.

3 Martinis (uno de cada color cada uno) + 1 Tardío, sashimis, geishas y avocado rolls y 40 minutos después hablábamos de todo menos de su evento. Que sí, que Andrés está casado pero su mujer es anoréxica y no lo deja dormir desnudo en la cama, que Nori dejó a su novia compositora en New York. Que yo no como carne, que hago comedia musical. Qué que tarde que es.

Paga Nori, pongo tapado, estamos afuera. Insiste en alcanzarme a casa. Polite Brishit agradece.

Vuelta a casa por Libertador esta vez y Nori buena onda total. Creo que intentó rozarme un poquito la pierna ¿o fue el Tardío que me intensificó los sentidos? De reunión formal a pseudo cita bizarrísima con Nori ya sueltísimo que canturreaba temas de David Bustamante y me recitaba “acéeeecate, a mi”. Durita, yo, con mi notebook en la falda, sin perder la compostura me contuve de ponerme a entonar con él (digamos, que entonada ya estaba).


Es que Nori, además de posible cliente, está más bueno que comer papas fritas con huevo (googleen Takeshi Kaneshiro, es casi casi igual, so, dimensionen). Así que en otro escenario, le hubiera estampado un beso en el semáforo de Pepino.

Beso, beso, gracias por traerme y antes de bajar del auto me toma la mano y con un espantoso acento japoñol me dice: “Espero que hagamos fiesta, y pronto veamos otra vez”.

Fiesta que fantástica fantástica esta fiesta, me dormí tarareando con gustito a nori (el alga, esta vez).

No hay comentarios:

Publicar un comentario